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Prey

‘Prey’ (2017): Crítica

‘Prey’: una apuesta conocida, pero bienvenida

Llegar a un juego de gran carga argumental sin conocer de antemano gran parte de sus secretos es una gozada, pero en el caso de ‘Prey’ es una de las cosas que más ha multiplicado mi disfrute. Se trata de una especie de “sucesor espiritual” de una saga tan mítica (y tan poco conocida en nuestro país) como ‘System Shock’, el “abuelo” de ‘Bioshock’ y ‘Deus Ex’, desarrollado entre otros por el padre de este último, Warren Spector.

Jamestown COSMO

Aunque ‘Prey’ toma el nombre de un magnífico shooter de principios de la pasada generación, no tiene nada que ver ni con este ni con su cancelada secuela. Tienen planteamientos tan diferentes que aún me pregunto por qué decidieron titularlo así. De hecho, tiene mil veces más en común con ‘Bioshock’.

‘Prey’ guarda muchas similitudes con sus referencias, pero también aporta muchas novedades.

Estas similitudes con la saga de Irrational Games nos permiten abordar sus características sin desvelar demasiado: se trata de una aventura de acción en primera persona ambientada en un escenario semi-abierto con un diseño magistral (tanto por cómo están planteados los niveles como por lo artístico), con una historia intrigante y unos giros muy efectivos, narrada casi siempre desde los ojos de nuestro personaje.

Existe, además, un equivalente a los “plásmidos” de ‘Bioshock‘ que nos permiten acceder a habilidades sobrehumanas, cuya existencia está muy ligada al conflicto central de la trama. Si ‘Bioshock’ estaba ambientado en una utópica ciudad submarina que pasaba a ser distópica por la adicción a ciertas sustancias de sus habitantes, ‘Prey’ tiene lugar en una estación de investigación que orbita alrededor de la luna, en la que un experimento se va de las manos.

 

Enemigos, mecánicas y estrés

Las mecánicas que plantea ‘Prey‘ son, en su mayoría, conocidas. Se juega de manera similar a los referentes del género, pudiendo orientar nuestro personaje hacia la acción, el sigilo o a otras habilidades más exóticas. Los momentos de acción exigen reaccionar rápido, pues tu personaje es muy frágil y los enemigos tremendamente ágiles: puede resultar muy difícil avanzar si no piensas tus acciones y avances con cuidado.

Un ejemplo de cómo tienes que planear cada paso que das: no existen puntos de experiencia, sino que las mejoras las tienes que “crear” a partir de objetos que encuentres en el escenario o en enemigos caídos. Estos mismos objetos también pueden servir para crear munición para tus armas, por lo que siempre tendrás que encontrar un equilibrio entre convertirte en un ser más poderoso y tener garantías de sobrevivir al próximo encuentro.

Te lo piensas mucho antes de ir a por según qué enemigos.

La mecánica de creación de objetos me ha parecido memorable, pues cualquier recurso que podamos llevar en nuestro inventario puede ser descompuesto molecularmente para formar otros. Impagable ese momento en el que te quedas sin balas de la escopeta y comienzas a recoger cáscaras de plátano, puros usados  y vodka para hacerte unos cartuchos.

Los enemigos a los que nos enfrentaremos son uno de los puntos más atractivos del juego. Además de tener una historia inquietante y un diseño muy original, algunos de ellos pueden tomar la forma de cualquier objeto del escenario. Esto genera una tensión tremenda, pues en cualquier momento una taza de café o una papelera se puede convertir en un ente malvado que se lanzará a por ti sin dudarlo.

Por si fuera poco, zonas ya exploradas pueden volver a ser pobladas por enemigos de todo tipo conforme avanza el juego, por lo que incluso volver a un lugar familiar puede convertirse en una situación de peligro.

Una historia redonda

Como adelantaba al comienzo, la historia de ‘Prey‘ es de lo que más me ha sorprendido del juego. La estructura narrativa es la que encontramos en todos los referentes del género, pero el mundo en el que está ambientado y las sorpresas que nos depara son muy numerosas.

El tema mejor desarrollado durante el juego es el del personaje al que controlamos. Morgan Yu (que puede ser hombre o mujer) sufre de amnesia al comienzo del juego. Este cliché del género aquí tiene una explicación muy interesante, y motivará que descubrir qué rol jugábamos en la estación por la que ahora deambulamos se convierta en el mayor atractivo argumental.

Es muy de agradecer que podamos jugar como hombre o mujer.

Poco a poco descubriremos cosas de nuestro pasado que pueden gustarnos o no, y nos tocará a nosotros decidir qué tipo de persona vamos a ser en esta “nueva vida” con nuestras decisiones. Existen varios finales para el juego y algunos elementos cambian según lo que decidamos hacer en momentos muy puntuales.

Los personajes secundarios están muy bien desarrollados tanto por sus diálogos como por los registros sonoros y correos que nos permiten saber qué rol tenían antes del incidente y qué relación tenían con nuestro personaje. Algunas misiones secundarias presentan conflictos sin una solución “buena” evidente, recordándome a los mejores momentos de ‘The Witcher 3’.

Los personajes secundarios tienen trasfondos elaborados y misiones interesantes.

Por último, los documentos que encontramos repartidos por el juego en ocasiones no pasan de ser los típicos correos que se envían entre personajes detallando la historia previa del mismo. Pero también encontramos extractos de libros y poemas que tienen una relación muy estimulante con la trama y los temas principales del juego (notablemente, ‘La Mosca’ de William Blake).

Largo, rejugable y excelente en PC

Prey‘ es más largo que la media de su género, y pese a ello nunca baja su gran ritmo. Llegar al final me llevó 25 horas, y esto fue sin probar algunos de los caminos y eventos alternativos, y dejándome dos misiones secundarias sin terminar (según tus acciones, puedes fallar misiones permanentemente).

Pero es que el desarrollo de tu personaje no puede ser completo en única partida: puedes explorar el 50% de las posibles habilidades del personaje, y por motivos argumentales querrás centrarte en ese 50% (las habilidades humanas) en una partida y en el otro 50% (las habilidades alienígenas) en la otra. Esto bien podría ascender el cómputo de horas del juego a más de 50 para poder ver todo lo que tiene que ofrecer.

Por otra parte, la versión de PC está muy bien optimizada. Pese a contar con un equipo muy potente, he leído impresiones muy positivas sobre el rendimiento en equipos mucho más modestos. El motor gráfico usado por el juego es un irreconocible CryEngine, y aunque no se trata de un juego puntero visualmente, su diseño artístico le ayuda a resultar muy agradable a la vista.

El “Psicoscopio”, un ingenio que nos regalará momentos muy ‘Metroid’.

Un punto negativo son los frecuentes y largos tiempos de carga entre las diferentes zonas de la estación espacial por la que nos movemos. También he encontrado algunos bugs del estilo de quedarte atrapado en un punto del escenario y tener que cargar partida. Además, los comentarios sobre su rendimiento en consola no son muy positivos.

Por último, merece mención aparte el trabajo de ambientación sonora y la música que Mick Gordon ha compuesto para el juego. Este compositor ya nos regaló una banda sonora mítica para Doom (2016), y aquí apuesta por un estilo muy diferente y alejado de aquella locura sanguinolienta para ofrecer algo que recuerda a las películas de Alien.

Conclusión

Junto con ‘The Legend of Zelda: Breath of the Wild‘, ‘Prey’ es el mejor juego que he jugado en lo que llevamos de 2017, y ha ayudado a quitar el mal sabor de boca que recientes decepciones me habían dejado. Tiene una historia maravillosa, que trata de agarrar al jugador y hacerle juzgar cada acción que realiza conforme a las reglas que rigen este mundo fantástico.

Tu hermano Alex y sus motivaciones, uno de los mejores misterios del juego.

Hay tensión continua y un requerimiento constante de táctica, habilidad e inteligencia. A cambio, recibirás una experiencia muy gratificante a la que querrás volver. Poco más se puede pedir a un videojuego.

About Jaun Pérez-Urruti

Amante de los videojuegos, los coches, el cine y las tortillas de patatas (en ese estricto orden). Fan incondicional de Edgar Wright y el vídeo ese del príncipe gitano cantando "In the ghetto".

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