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¿Ha recuperado ‘The Walking Dead’ el atractivo con Negan?

Cuando AMC anunció, a principios de 2010, la entonces inminente adaptación de las viñetas creadas por Robert Kirkman a la televisión -bajo la supervisión de Frank Darabont-, muy pocos fueron los que aplaudieron tal decisión. No porque produjese un descontento entre sus fans, sino precisamente porque estos eran la minoría. Tras más de seis años en la cadena privada -con el consecuente y añadido buen resultado en la audiencia española vía emisión en Fox España- los seguidores del mundo postapocalíptico no sólo han aumentado hasta cifras realmente considerables, sino que todos y cada uno de nosotros nos hemos rendido ante la cruda naturaleza de la ficción: la supervivencia sin lazos de sangre. Dogma que siempre subyace a The Walking Dead, aunque durante el trayecto seamos testigos de las relaciones entre los personajes, incluso aprobemos el buenismo en el que se han traducido los debates existenciales de las primeras temporadas.

Crimen en el paraíso

Llegamos a la séptima, después de uno de los cliffhangers más sonados de nuestro tiempo, y con la sensación de que toda la sexta temporada fue un sumidero del que debían nacer otras raíces. Negan ya había sido nombrado -“toc, toc, manejo los hilos desde las sombras”- y temido, aunque desde una distancia irónica. Sin embargo, el cordón de seguridad de Rick y compañía -fomentado por esa autoimpuesta y sorprendente indiferencia de los protagonistas- fue destrozado justo al final. De forma tan apurada que, por qué no, vamos a jugar con los sentimientos de la audiencia durante los meses que resten hasta que ‘Negan y Lucille, breve relato a contrapié: Parte II’ (7×01) nos proporcione más información. Fue el simulacro de la construcción de una nueva pirámide social, de un último vestigio del estado natural de las cosas: no existe nada mejor que el primer plano de un cráneo roto -con un globo ocular desorbitado- para remover las dudas que surgieron tras dos últimas temporadas de mucha, mucha tranquilidad.

The Walking Dead

The Day Will Come When You Won’t Be es, antes y por encima de cualquier otra cosa, la confirmación de que Negan es la apuesta única y absoluta de Greg Nicotero y cía. para recuperar el punch perdido. El Rick de Andrew Lincoln ha pasado de ser el azote de lo moral, a una conciencia más. El cambio de rol en el eterno amo y señor de la determinación, es el elemento paradójico de un homenaje a los cómics –con los que había roto ciertos nexos: el poder a través del terror, la (no tan gratuita) violencia explícita en una trama que había olvidado cómo emplearla. En otras palabras, el equipo de la cadena norteamericana ha sido lo suficientemente valiente como para estirar el tiempo y presentar al villano de los tebeos casi por obligación. Como contraste -aunque muchos lo nieguen- con (intermitente) psicología, vísceras y olor a hierro.

No es ningún secreto que el espinoso beso de Lucille a Glenn y Abraham fuese diseñado para satisfacer la sed de sangre del espectador y reengancharle a un tren aburrido de un trayecto en círculos; tal y como señaló Scott Gimple -productor ejecutivo-, cuya máxima fue la de “traumatizar al espectador”. Quizá, sólo en parte, para fomentar esa dependencia siempre necesaria si uno pretende ganarle la partida a HBO o Netflix en esta cada vez más cruenta guerra de la televisión. Aunque las imágenes sean duras, no nos engañemos, lo estábamos deseando. The Walking Dead rogaba un cambio de paradigma, se había convertido en un producto reciclado a partir de sus propios restos, previsible, místico, supeditado a la verborrea de unas figuras demasiado queridas por el público como para abandonarlas por un acceso de filosofía barata. En definitiva, había perdido el atractivo.

neeegan

La campaña de marketing de AMC tras cada capítulo jugaba al engaño, tanto o más que este séptimo primer capítulo. Aunque el público no la retiraba de su agenda, sí comenzaba a percibir cierto cambio en la sexta temporada: los diálogos, las discusiones entre los integrantes de un grupo destinado a estar roto, sufrían un viraje, por exceso, desde el análisis social hasta una retórica que nada aportaba al conjunto. Sin embargo, ahora no hay de qué preocuparse, porque el mínimo común denominador de las viñetas le ha tomado el testigo a la palabra, y el personaje de Jeffrey Dean Morgan ha rebasado todos los límites para causar impresión. Así como Juego de Tronos lo hizo con la muerte de Oberyn Martell a manos de La Montaña, The Walking Dead lo hace con uno de los personajes más queridos, y con otro que también, pero infinitamente menos -ambos momentos comparten la primera posición en la Escala de Shock. La razón de ser de este auténtico festival, reside en lo que más hipnotiza al espectador: el morbo, lo prohibido frente a él, de manera casi tangible -una suerte de deferencia con Kirkman, pero demasiado tardía como para que nos creamos la casualidad. En este caso, con ello se subraya la apetencia de la cadena por inflar el porcentaje de audiencia de la televisión por cable -son absolutos líderes, tanto en Estados Unidos como en España. Lo que no se concibe  -que sí se entiende- es esa fijación por recalcar, una y otra vez, quién es Negan, de qué es capaz, dónde no está su frontera con la decencia.

No en vano, conviene señalar que el malvado nuevo demiurgo de la serie juega psicológicamente con Rick apostando por el punto más débil. Es decir, recurriendo a lo fácil, sin esfuerzo. Quizá como demostración de que aquellos que parecían indestructibles, ahora son más vulnerables que nunca -Daryl, Carl, Maggie, Rosita, etcétera. Pero no nos convence, es evidente. Tanta sangre, tanto dolor y después, ¿qué? La forma frente al fondo en una guerra ya ganada hace años por la primera. Sí, las sorpresas llegarán, pero lo más importante es que la alarma ha saltado y los creadores de la ficción parecen haber encontrado la contraseña para transgredir los márgenes de la sociedad. Sin embargo, sin embargo… Podría ser un gigantesco espejismo si atendemos a los subtextos de este primer episodio. Darabont prefiere crear la trampa a través del flashback lacrimógeno, para analizar las posibilidades de cada uno de los personajes – un infinitesimal repaso a su estancia en la ficción, haciendo balance y determinando quién sería el premiado con abandonar un mundo en constante declive. Tras una mera presentación, todos los índices señalan hacia en un sólo sentido: AMC quiere hacer de Negan el villano más grande de la historia de la televisión. No, no está reñido con hacer de la serie un producto aún más demandado por su valor global, pero quizá y sólo quizá sea un proceso a la inversa: The Walking Dead como herramienta para que no sólo Rick, sino también su mayor némesis en las creaciones de Kirkman, pasen a los anales del vídeo viral. Quién sabe, Darth Vader también mutiló a su… Oh.

Tráiler del 7×02 de The Walking Dead

About Mario Álvarez de Luna

Periodista cultural | Crítico cinematográfico | Analista televisivo.

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