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Crítica de la tercera temporada de 'Transparent',

Crítica de la tercera temporada de ‘Transparent’, el complejo mundo emocional de los Pfefferman

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La apuesta por el entretenimiento puro no es algo de la televisión del 2017. Tenemos un ejemplo claro en ‘Anatomía de Grey’, en emisión desde el 2005, que se han ido refinando con el paso de los años con series como ‘Sons of Anarchy’, ‘Scandal’, ‘House of Cards‘, ‘Game of Thrones‘ o ‘Empire‘ o con versiones juveniles como ‘Teen Wolf‘, ‘The Shannara Chronicles‘ o ‘Gotham‘. Todas ellas guardan un elemento vertebrador común: el culebrón. Entiendo el culebrón como una forma de llevar las historias personales a la pantalla, sin ser sinónimo de bueno o malo, sí es cierto que las emociones humanas e interpersonales de los personajes principales están siempre condicionadas a un relato superficial sin ahondar en su profundidad y con giros efectistas constantes, todo lo contrario a la vida real. Tenemos en televisión la herencia cinematográfica de dramas complejos y emociones en forma de espiral. Esto pasa en la tercera temporada de ‘Transparent’, pero también ocurre con el final de ‘The Leftovers’ o la recién acabada ‘Rectify’. Y en cierta manera, ese relato es lo que separa a las grandes obras de las demás.

Sin ser una serie mayoritaria ni de fácil digestión, Maura/Morty/Mapa se ha ido encajando dentro de esa familia disfuncional, atípica y egocéntrica que educó mientras era un hombre, en el amplio sentido de la acepción. Su espiral hacia la devastación interior, la liberación en forma de flagelación y la rabia contenida por el maldesarrollo de las personalidades de cada miembro de su familia, nos ha ido encogiendo un nudo en la garganta que solo en determinados momentos hemos sido capaces de soltar. Y es que a pesar de todo lo malo, lo terrible y lo inhumano de vivir rodeado de esa toxicidad generada, la familia sigue siendo el pilar de contención de los Pfefferman, donde cada miembro vive una transición, donde cada miembro busca su exoneración, donde cada miembro lucha y sobrevive en un entorno que no le hace feliz. Las barreras emocionales son tan altas entre ellos que es imposible superarlas, empatizarlas, absorberlas; es mejor convivir con ellas, dejarlas pasar, seguir adelante…a pesar del mal ocasionado, como un agujero negro que absorbe todo sin consciencia ni nostalgia.

Crítica de la tercera temporada de 'Transparent',

Es en esta tercera temporada de ‘Transparent’ cuando el trauma de toda la familia y allegados nos vuelve a poner al límite, nos vuelve a arrastrar a un vacío existencial del cual nunca nos desprendemos y nos hacen sentir pena hacia ellos, pero también unidad o agravio, pues las conductas son cambiables, transformables…transitables, como ellos mismos reconocen. Lo aprendido se puede desaprender, lo recorrido puede desandarse, lo malo puede acabarse.

Es esa constante obsesión de la exploración de sentimientos lo que hace tan grande la tercera temporada de ‘Transparent’, la que la diferencia de las más de 500 series que se emiten al año en cualquier plataforma.  Su mundo nunca acaba, siempre les guarda un nuevo revés, más fuerte e intenso que el anterior, más difícil del que reponerse.

Esta tercera temporada de ‘Transparent’ de la que pocos han hablado, o de lo que poco he leído, es el culmen de un proyecto de una creadora que ha contado con total libertad creativa. Jill Solloway ya estaba detrás de la desamparada ‘Six Feet Under‘ escribiendo siete episodios, de la hilarante ‘United States of Tara‘ (4 episodios) y de’I love Dick‘ (8 episodios). Quizás deberíamos reclamarla más cuando hablamos de Matthew Wiener o Aaron Sorkin como grandes creadores. Su hueco en el olimpo de los guionistas contemporáneos estadounidenses es más que merecido.

Jeffrey Tambor seguirá siendo ese ganador de Emmys sin ninguna discusión. La creación del personaje desde guion y la ejecución en la interpretación es lo mejor en años que se nos regala en televisión. Pero es que la serie ya no solamente es él, son sus hijos, su entorno transexual y su mujer, desubicada, perdida, inconformista, desesperada. La interpretación de Judith Light, que siempre ha sido de un personaje contenido, orgánico, milimetrado, ha dado un vuelco por completo en la fabulosa transición que nos hablaba en el inicio de esta tanda de episodios. Su momento más auténtico, aceptando el nulo amor que sus hijos le tienen, nos lo da cantando una fabulosa canción de Alanis Morissette llamada ‘Hand In My Pocket’. Ella no pierde la fe en la humanidad, ella no descansará hasta ver sus hijos felices, pero a los setenta ha entendido que ella también tiene el derecho a serlo.

Al fin y al cabo, la frase “Don’t change a thing about yourself“, entonado por Viki a Maura, demuestra que el amor tiene tantas interpretaciones como personas somos. ¿Y si como soy no es cómo quiere ser? ¿Y si la frase esconde más la represión que la aceptación? ¿Y si llega ya la cuarta temporada?

Final de la tercera temporada de ‘Transparent’

About Santi de la Flor

Marketing, turismo y comunicación. En el audiovisual, lo mismo veo la ciencia ficción más indie que el drama más comercial, todo sea por descubrir nuevas historias que nos muestren mundos en los que no entraríamos de otra forma.

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