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‘Los Increíbles’ y la masculinidad tóxica

Yo trabajo solo, es la frase más recurrente de Bob Parr escondido bajo la máscara de Mr. Increíble.

Cuando hablamos de ‘Los Increíbles’ hablamos de la infancia de muchos de nosotros, un filme que recordamos con cariño y que brilla por su inteligencia en determinados puntos. Sin embargo, la sociedad evoluciona y las inquietudes sociales con ella. El feminismo está a la orden del día y cuando revisionamos nuestros clásicos a veces no podemos no analizar determinados puntos en ellos.

Crimen en el paraíso

A veces, lamentamos que estos clásicos no respondan positivamente a las inquietudes que tenemos hoy. Es, por ejemplo, el caso de ‘Star Wars’ en su trilogía original. ‘Los Increíbles’, aunque mucho más posterior, también podía haber envejecido mal en este aspecto. Afortunadamente no solamente no es el caso, sino que tiene una lección que enseñarnos.

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Empieza la película, Mr. Increíble deja claro su individualismo, algo bastante propio de una masculinidad obsoleta -o que ya debería estarlo-. Yo como hombre puedo hacerlo solo, no necesito ayuda, yo os salvaré. Mirad que fuerte soy. Frozono, por otra parte, dice que las “super-mega-chatis-relampago” son unas pesadas, interesadas todo el rato en conocer su identidad secreta, dejando entrever que conocer bien a tu pareja es un coñazo, que solo importa su identidad de heroína. Bien sabemos todos que la doble identidad del héroe responde a lo que quieres mostrar en cada momento, una superficialidad florecida según en que personaje te identifiques, el super o el humano. Elastigirl dice que no va a dejar que los hombres salven al mundo, una actitud feminista, valiente y propia de una mujer empoderada.

Elipsis temporal. Elastigirl y Mr. Increíble se casan y el novio la lía el mismo día de la boda. A nivel personal, llega tarde, y a nivel de héroe, provoca que los superhéroes tengan que retirarse. La necesidad de lucir su valía y su fuerza le causa un buen quebradero de cabeza.

Elipsis temporal. Elastigirl y Mr. Increíble han formado una familia y deben esconderse como todo superhéroe. Mientras que Helen hace lo que puede y carga, mucho más que su marido, con las tareas del hogar y el cuidado de los niños, Bob pasa los días con la cara larga en su trabajo mundano. En la casa de los Parr vemos roles bastante propios de una familia tradicional. Se excusan en que deben comportarse como gente normal, pero las actitudes que toman ellos mismos ante su propio excentricismo responde al mismo tradicionalismo en el que se ven obligados a vivir. Bob y Lucio (Frozono) salvan la ciudad en la clandestinidad sin que sus chicas se enteren, ellas no les entienden y se enfadarían. Ese argumento esconde algo mucho más profundo, ellas son la voz de la razón y la sensatez, y ellos necesitan aventura, adrenalina que alimente su testosterona.

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Y resulta que lo que hace a estos hombres fuertes es también su propia debilidad. Bob, por hacerse el héroe y mostrar su orgullo de macho, cae en una trampa y, ¿quién tiene que ir a sacarle las castañas del fuego con sus hijos a cuestas? Su mujer.

Elastigirl peca de haber caído demasiado en el rol de la madre tradicional. Menos mal que está ahí Edna Mode para darle unas cuantas bofetadas de realidad, Helen se arma de valor de nuevo y se lanza a la Isla Palos Locos junto a sus hijos. Encuentran al padre pero también acaban secuestrados. Bob da un discurso donde reconoce que su ego ha puesto a su familia en peligro, pero inmediatamente después vuelve a la perorata de “yo trabajo solo y os tengo que salvar”. Mientras, Violeta se libera con su campo de fuerza y salva realmente a su familia. Bueno, estoy segura de que papá ha hecho grandísimos progresos hoy pero yo creo que podemos dejar la sesión ya– dice la hija mayor.

La familia entera con sus uniformes a juego usas sun mejores habilidades para llegar a Nueva York y detener la amenaza. Pero cuando llegan, Mr. Increíble vuelve a sus trece. “¡Otra vez haciéndote el machote!“, responde Helen. La superfamilia resuelve definitivamente sus conflictos, retoman la actitud colaborativa y detienen al villano. La moraleja de la peripecia está clara, pero aún podemos sacar más.

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El villano de ‘Los Increibles’ y el de ‘Los últimos Jedi’, tal y como se menciona en este artículo, es la masculinidad tóxica. Esta actitud arcáica es la fuente de los problemas de estos hombres egocéntricos, le pasa a Poe Dameron y le pasa a Bob Parr. Su comportamiento no solamente le hace caer en la trampa antes mencionada, sino también provoca la creación del propio villano que se la tiende: Síndrome. El niño que, al igual que muchos otros, tenía a un superhéroe de este tipo como referente y que se empapa de sus valores. Pero hay algo que la heteronormatividad no tolera: expresar emociones. El niño rechazado por su ídolo se convierte en un ser malvado lleno de ira, porque la ira es la única emoción que un hombre debe sentir según los dictados de la sociedad. Un hombre que actúa porque no puede sobrellevar sus sentimientos de otra manera, que no es capaz de procesar el fracaso. Síndrome es el hijo de la masculinidad tóxica de Mr. Increíble.

La película acaba con un mensaje de cooperación bastante positivo y la decostrucción del héroe clásico. La segunda parte se estrenará el próximo año, ¿reforzará el mensaje que ya se aporta en esta película? Esperemos que sí.

Tráiler de ‘Los Increíbles 2’

 

 

About Sergio Risquez

Graduado en Comunicación Audiovisual y Estudiante de Guion de Cine y Televisión. Entusiasta de la TV en general y las series en particular. Amante del cine y de la lectura. El Nombre del Viento me enamoró, Interstellar me hizo volar y Lost dejó huella en mí.

One comment

  1. El Antisergio

    Buenas Sergio

    No estoy de acuerdo contigo en lo de Sindrome. Sindrome roza el ser un niño psicópata que se la suda enormemente estar en una escena del crimen. Mister Increible podrá tener sus defectos como describes, pero Elastigirl actuaría igual, le diría que se vaya a casa, no le dejaría estar ahí, porque es un NIÑO en una escena del crimen.

    Un buen artículo, pero a mi modo de ver, te colaste en ese punto.

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