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Crítica de Paradise, el precio del paraíso

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Paradise, la película del prolífico director de origen ruso Andrei Konchalovsky (Siberiada, El cartero de las noches blancas) rodada en 2016, llega a las pantallas españolas tras haberse encontrado en la carrera hacia los Óscar y haber obtenido reconocimiento tras su paso por Venecia y Gijón. Paradise nos plantea tres historias diferentes que cobran sentido a medida que se entrelazan. Olga (Yuliya Vysotskaya), Helmut (Christian Clauss) y Jules (Philippe Duquesne) no tienen aparentemente nada en común: aristocracia, SS y colaboracionismo. Mundos distintos que sin embargo, comparten un mismo infierno.

El hecho de que sus vidas se hayan visto alteradas por el devenir de la Segunda Guerra Mundial es el punto de partida del que se sirve Konchalovsky para articular su personal tríptico sobre la moral y el libre albedrío en el que el paraíso puede ser utopía o fanatismo, en función de quién exponga y quién escuche.

Yuliya Vysotskaya y Christian Clauss en Paradise
Yuliya Vysotskaya y Christian Clauss en Paradise

La historia de Paradise no es nueva, su mezcla entre realismo documental y ficción histórica tampoco, sin embargo Konchalovsky tiene más que decir. Paradise busca su fuerza en los aspectos formales, en un blanco y negro lapidario y preciosista que no acepta ni un leve reflejo de rojo spielbergriano, pero también en los cuatro tercios que, como ya hiciera László Nemes en la laureada El Hijo de Saúl, limiten de forma consciente un horror que, incluso sugerido, hiere. Todo ello acompañado de una narrativa expositiva en la que Konchalovsky recurre al testimonio para dar total libertad a sus personajes, permitiéndoles navegar por su propio discurso mientras nosotros nos limitamos a escuchar y nos permitimos el lujo de juzgar.

Si bien el recurso testimonial se llega a hacer pesado en algunos tramos del metraje, cuando llegamos al final se convierte en protagonista indispensable. No sólo porque adquiere un nuevo significado cuando descubrimos que los protagonistas narran y confiesan desde un limbo atemporal, sino porque el mensaje logra atravesar la barrera fílmica y sacudir al espectador de futuro incierto hasta comprender que miedo, fanatismo y arrepentimiento no entienden de décadas.

Paradise se construye sobre arquetipos y títulos que ya forman parte de nuestro imaginario sobre el Holocausto, sobre enfoques estilísticos ya usados, sin embargo, la visión personal del paraíso de Konchalovsky y el tratamiento de sus personajes hace de Paradise algo más que una amalgama de convenciones sobre una temática con entidad propia dentro del arte cinematográfico.

Tráiler ‘Paradise’, de Andrei Konchalovsky

About Alicia Montero

Graduada en Comunicación Audiovisual, soñando con una entrevista de trabajo en ‘Sterling Cooper & Partners’ y una casita en San Junipero. Compañera de viaje de Claire Fisher, usuaria de Oceanic Airlines y sin saber quién mató a Laura Palmer a pesar de pertenecer a la década de “Twin Peaks"

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