Home > Cine > Críticas > [CRÍTICA] ‘No culpes al Karma de lo que te pasa por gilipollas’, una comedia para desapercibidos
null

[CRÍTICA] ‘No culpes al Karma de lo que te pasa por gilipollas’, una comedia para desapercibidos

Sinopsis

No culpes al Karma de lo que te pasa por gilipollas cuenta la historia de Sara, una joven que culpa al karma de su mala suerte: se encuentra en un momento complicado, luchando para que salga adelante el negocio de plumas que ha abierto, teniendo que lidiar con el divorcio de sus padres y con su novio a punto de marcharse a París a probar suerte como arquitecto. Pero eso no es lo peor: su hermana pequeña, Lu, va a casarse con el amor platónico de su hermana, Aarón, quien con el paso de los años se ha convertido en un aclamado cantautor.

Harlots T2

Crítica

Si Laura Norton (no, no es la actriz británica) configuró unos personajes cercanos al arquetipo en No culpes al Karma de lo que te pasa por gilipollas, la adaptación de su obra a la gran pantalla -a cargo de Carlos Montero y Breixo Corral- pone de manifiesto que la literatura de la autora española deposita cierto margen de esperanza en el lector. Sin embargo, las imágenes con las que María Ripoll traduce el texto al lenguaje cinematográfico, no dejan espacio para una duda, a mi entender, razonable: aunque el relato tenga lugar años después de que sus personajes se hayan convertido en adultos, ¿no existe un fuerte arraigo a la adolescencia en cada giro argumental? La respuesta tiene más que ver con su núcleo funcional que con la superficie: el miedo al rechazo y, por ende, a la soledad. Cada personaje está establecido como un espejo donde se reflejan comportamientos dignos de una etapa donde todo son dudas, enfrentamientos con uno mismo y odio al Universo. O, al menos, eso es lo que hemos aprendido desde que jugábamos a las canicas, a mantener ese canon de actuación; que es a lo que abraza la nueva película de Ripoll, a los matices que hacen de nuestra sociedad adulta una tapadera lamentable con la que ocultar los deseos por seguir siendo jóvenes, con sus preocupaciones y responsabilidades. De hecho, este ejercicio -donde Verónica Echegui vuelve a ser el Todo– es la alegoría perfecta sobre el pulso de unos tiempos no tan oscuros para los púber: resulta absolutamente impensable quedarse al margen, mirar de soslayo al compañero de pupitre que cumple metas, dejar de pensar en lo que verdaderamente te haría feliz si hubiese otra versión de ti en un futuro próximo. En definitiva, reconquistar a tu amor platónico como vía para encontrar el sentido de la vida. Porque la brecha generacional jamás enterrará los sentimientos que se agolpan en tu cabeza cuando tienes quince años.

no culpes al karma

Que es, a su vez, el momento en el que todos los monólogos internos tienen un lugar común: el desamor. Concretamente, la incapacidad para expresarlo y, en suma, la decepción que supone idealizarlo. Sobre ello se articula No culpes al Karma de lo que te pasa por gilipollas, con el elemento subversivo que caracteriza a este tipo de historias, es decir, un paisaje costumbrista que huele a chamusquina. El estereotipo es una conjunción social -casi un prejuicio- extremadamente peligroso. Sin embargo, esta historia llena de gags con los que encontrar la simpatía del gran público, opera desde esa parcela con alevosía. Pudiendo ser un análisis de por qué nos negamos a aceptar nuestra parte del pastel cuando este está podrido, la película -adaptando de manera cuestionable el trabajo de Norton- peca de su carácter reduccionista. Quizá resolver el esquema del mal Karma por medio de un anhelo que regresa para casarse con tu hermana, no sea el mejor ejemplo para representar a los que hacen el gilipollas. Tampoco lo es dibujar una caricatura en torno a un personaje que, aunque fallidamente, se dedica a lo que siempre soñó. Nada en la película demuestra que la idiotez humana nos haga fracasar en la vida, aunque sea muy probable, porque no existen los precedentes necesarios como para entender la culpabilidad. Es, simple y llanamente, un catálogo de cargas emocionales que, lejos de agradar, tiene un grave problema identitario; sus motivaciones trazan un paralelismo con las tramas norteamericanas sobre una suerte de James Dean contemporáneo -no se toma demasiado en serio esto de la muerte- que opta por la joven modelo desenfadada en lugar de la nerd cohibida y que, contra todo pronóstico, acaba firmando discos en mitad de Malasaña. Desde luego, no ayuda a su credibilidad que la trama esté construida con fórmulas archiconocidas.

Ripoll trata de convivir con ese germen, desvirtuarlo con ritmo y una suerte de comedia situacional en pos de presentar un conflicto verdaderamente interesante, como pueda ser enfrentarse al hecho de que tu pareja, que se ha empeñado en triunfar, te considere un lastre. Pero no es suficiente. Las calles de Madrid no son suficiente, porque el grueso del guión no contempla el desarrollo de esos robots estigmatizados hacia lo más mundano del ser humano. A niveles prácticos, No culpes al Karma de lo que te pasa por gilipollas supone salir de un atolladero donde el sufrimiento responde a una simplificación de ciertas cosas que, a lo mejor, no son del todo importantes. Pero, bueno, sí que lo son. Temas como gestionar la infidelidad con un piercing, el fracaso laboral hurtando en un zoológico o que eyacules vía Skype con la cara de tu suegro, por accidente, al otro lado de la pantalla, son síntomas del retrato social sobre una masa que avanza hacia no sabe muy bien dónde. Seguramente no hacia pasar desapercibido, aunque la película pretenda contrastar lo difícil que resulta cambiar a unas alturas de la vida, y la ligereza con la que se hace cuando todavía estás a tiempo. Aunque, venga, quizá sólo se trate de una historia romántica bien planteada en su primera media hora y mal contada en los setenta minutos siguientes. En cualquier caso, el trabajo de la directora de Ahora o nunca es tan superfluo como las plumas de un flamenco en un vestido rosa.

Tráiler de No culpes al Karma…

 

Review de 'No culpes al Karma de lo que te pasa por gilipollas'

SUFICIENTE - 5.5

5.5

Quizá resolver el esquema del mal Karma por medio de un anhelo que regresa para casarse con tu hermana, no sea el mejor ejemplo para representar a los que hacen el gilipollas. Tampoco lo es dibujar una caricatura en torno a un personaje que, aunque fallidamente, se dedica a lo que siempre soñó.

User Rating: Be the first one !

About Mario Álvarez de Luna

Periodista cultural | Crítico cinematográfico | Analista televisivo.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.