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[CRÍTICA] Por qué ‘Loving’ es la película más bonita del año

Si echamos la vista atrás, la Racing Integrity Act de 1924 en Estados Unidos no queda tan lejos como, por ejemplo, la liberación de Mahatma Gandhi a manos de los colonos británicos o el destierro de Miguel de Unamuno mediante la orden del dictador Primo de Rivera, ambos sucesos datados del mismo año. Dicha ley formó parte del paquete de medidas segregacionistas promulgadas en Norteamérica desde 1876 hasta (teóricamente) 1965, y en ella se redactaban duros castigos -exilio coactivo y pena de cárcel- para los ciudadanos que tuvieran la osadía de contraer matrimonio siendo de distinta raza. Esto nos retrotrae hasta 1958, donde Richard y Mildred Loving -aunque por entonces Jeter, el apellido familiar- intentan normalizar su relación frente a los ortodoxos vecinos y, por ende, al Estado; pero también nos indica que si, en nuestros tiempos, todavía recordamos este tipo de actuaciones político-legales como si fueran de ayer, es que en esencia pocas cosas han cambiado (en Alabama no derogaron la ley hasta el año 2000 y en Louisiana la aplicaron en un caso de 2009). En Enmienda XIII Ava DuVernay muestra todo el proceso evolutivo de este tipo de tropelías, repasando punto por punto cómo y cuándo decidían los poderes fácticos aplicar una política continuista con ciertas leyes, en determinados sectores demográficos de algunas zonas del país. No obstante, como Gandhi en India o Unamuno en España, también hubo héroes humildes en el campo católico del casamiento, quienes lograron cambiar el rumbo (concretamente, en el estado de Virginia) a base de sufrimiento, clandestinidad y mucho, mucho, mucho amor. Hablamos de Loving, el salto madurativo que Jeff Nichols -también guionista- estaba destinado a experimentar después de adaptar el cine apocalíptico a los códigos más elegantes del cine independiente (admito que cada día entiendo menos a qué se le denomina ‘indie’) en Take Shelter y Midnight Special.

Basándose en la historia de la pareja que cambió para siempre la ley anti-mestizaje en el juicio Loving v. Virginia de 1967, el cineasta pone el foco en los silencios y las miradas reprimidas de los protagonistas, para explicarnos cuan complicada fue la prueba de lealtad incondicional más dura a la que se puede ser sometido. Estamos, sin duda, ante un drama humanista alejado por completo de melodramas y estridencias, un pedazo de vida que los matrimonios interraciales estadounidenses deben tener siempre presente. Cuando el caso Loving se convirtió en el Loving Day -la gran fiesta interracial no oficial, celebrada cada 12 de junio- hace ahora más de 12 años, había quienes convenían que no era necesaria esta licencia no aprobada por el Gobierno. Ni siquiera Barack Obama intervino (a pesar de la petición, acompañada por 100.000 firmas, a través de la web lovingday.org). Se trata, sin embargo, de una gesta histórica por y para los derechos civiles, guardada en la memoria de los que estuvieron allí y también de los que han crecido con ello. Y sobre eso nos habla Nichols, un cineasta que se ha convertido en pieza clave del cine posmoderno, gracias a su capacidad para ser violento con sutileza, para utilizar las formas clásicas con el objeto de darle profundidad moral a sus renovadas composiciones. Al comienzo, Richard le promete a Mildred que le construirá su propia casa en uno de los páramos de las extensas tierras de Virginia, dándonos una noción más o menos fiel de lo que significaban el uno para el otro. Pero no es, valga decirlo, hasta el tercer acto cuando conocemos a los verdaderos Loving, dos enamorados que hacen honor al mismo apellido les condena. Nuestra conexión se produce mediante la figura de Grey Villet -fotógrafo de LIFE contenidamente interpretado por Michael Shannon-, revelada como el auténtico espíritu del director. En ese sentido, encontramos ciertos paralelismos con un modo de narrar que duele sin buscarlo desesperadamente, que se aferra al corazón a base de pundonor, suavidad y pinceladas tiernas, de trazo fino.

Crimen en el paraíso

Loving

Pero en Loving también se vive una paradoja: Nichols renuncia al exceso abusando de lo contrario. De modo que aquello a lo que tanto trata de evitar acaba abrazándole por la espalda. Esa preocupación por no resultar pasional o demasiado sentimental es lo que acaba convirtiendo a la película en un relato lineal, muy bonito y necesario, pero sin ese doble-filo de las grandes historias. Su valor, irónicamente, reside en abandonar toda forma de dislate gritón y excéntrico, sobre todo en disimular el cálculo con el que están diseñadas todas y cada una de las escenas. Un autor que ha demostrado manejar el drama sin homenajear a los mártires, sin embargo, no podía si no reprimir su estilo en favor del telefilme de alta gama; aquel que lleva la tarea de etalonaje al resto de aspectos técnicos y narrativos con sumo cuidado. O lo que es idéntico a elaborar un puñado de secuencias en igualdad de condiciones, lo que nos conduce hacia exactamente el mismo puerto que el hecho real: son los personajes quienes deben llevar el peso de la historia, y no el narcisismo del director al plantear un retrato que bien podría haber sido un panfleto de la era post-Selma. Quizá sea ese el motivo del regusto a derrota que tiene para algunos, de no ser por el gran descubrimiento del año: Ruth Negga ha sabido gestionar todo el abanico de sensibilidad que su personaje tenía que exponer al mundo, ejerciendo de contrapeso emocional a ese apocado, esquivo de mirada inquisidora, y gran trabajador de los silencios, en el que se ha convertido Joel Edgerton. Tremendo respeto, casi académico, muestra Nichols hacia los protagonistas, pero aún más grande es la respuesta que recibe de sus intérpretes, los verdaderos encargados de dar fuerza y convertir el suceso en la película más bonita del año. Porque de las muchas aristas cinematográficas que puedes aprovechar de Loving, la más importante tiene que ver con cómo un cineasta debe quitarse poder (narrativo) para entregárselo a la honestidad de los personajes, verdadera piedra de toque en este acercamiento al amor contracorriente en la convulsa Norteamérica de los años 50.

Tráiler de ‘Loving’

Review de 'Loving', lo nuevo de Jeff Nichols

NOTABLE - 7.5

7.5

'Loving', el salto madurativo que Jeff Nichols -también guionista- estaba destinado a experimentar después de adaptar el cine apocalíptico a los códigos más elegantes del cine independiente en 'Take Shelter' y 'Midnight Special'.

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About Mario Álvarez de Luna

Periodista cultural | Crítico cinematográfico | Analista televisivo.

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