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[CRÍTICA] ‘Aliados’ sitúa el amor en mitad de la Segunda Guerra Mundial

Sinopsis

Aliados nos sitúa en el año 1942, durante la Segunda Guerra Mundial. Narra la historia de Max (Brad Pitt), un espía del bando aliado que se enamora de Marianne (Marion Cotillard), una compañera francesa, tras una peligrosa misión en Casablanca, en el norte de África. La pareja comienza una relación amorosa hasta que a él le notifican que Marianne puede que sea una agente doble que trabaja para los nazis. (FA)

Professor T COSMO

Crítica

Se entiende que un creador de atmósferas tan intenso como Robert Zemeckis no podía fallar en tiempos donde la cultura de masas se camufla en (casi) cada producto. De hecho, el término ‘producto’ va estrechamente ligado a la creación para el consumo popular –El Desafío fue diseñada para alejarse de esa tendencia, pero el propio público acabó por enterrarla como entretenimiento inane. Aliados escapa a la etiqueta mainstream porque sus tendencias modernas siempre acaban claudicando ante su estilo clásico. Resultado que se explica gracias a las fórmulas con las que el director de Forrest Gump ha traducido el mensaje de Steven Knight: olvidando el pasado no se puede construir un futuro, en ninguna época. Que contextualice la trama en mitad de la Segunda Guerra Mundial tiene mucho que ver con lo que Carlos Ruiz Zafón defendió recientemente en una entrevista con Andreu Buenafuente: “El siglo XX [concretamente el periodo de guerra y también el de posguerra] es el más rico y al que más matices podemos aportar los escritores“. Efectivamente, una historia sobre cómo dos espías, amantes reconvertidos en matrimonio (con retoño), recuperan la cotidianidad después de servir en la guerra más importante del siglo, no sería igual en otro tiempo. Y menos si, entre ecos de bombardeos y hospitales derrumbándose, todo pudiera irse al carajo por una presunta mentira piadosa. Parir y proteger al recién nacido, mientras la noche cae sobre sus cabezas, no es lo que las parejas actuales habrían imaginado para nuestros protagonistas. Pero es lo que había.

Zemeckis no se autocensura para mostrar las partes más amables y excitantes del amor y, minutos después, borrarlas del mapa en pos del suspense hitchcockiano. Decir que el guión de Knight es monótono no es descabellado, precisamente porque ningún alma del público está exenta de información a tal respecto; quizá sea ese el mayor problema de la cinta: que todos sabemos lo que va a pasar desde que se publicó la sinopsis oficial hace unos meses. No obstante, hasta que no comienza esa frenética secuencia de inicio, nadie se acuerda de la película como ídem porque nuestra atención sigue anclada a la ruptura de Brangelina y su posible conexión -gracias al trabajo de portales como Page Six– con la complicidad que se respiraba en el set de rodaje. Paradójicamente, para eso están Brad Pitt y Marion Cotillard, para despejarnos las dudas y hacer que el guiño a Casablanca en los primeros compases cristalice en una suerte de conexión con los viejos rockeros del cine contemporáneo, y no con sus vidas reales. Magnéticos por separado, el dúo no funciona no por falta de química, sino por la envidiable capacidad de Cotillard para captar todos los focos y dejar el resto de la película en penumbra. No en vano, el desarrollo hacia una zona de más sombras que luces convierte a Aliados en un thriller autoconsciente de su espíritu nostálgico: podría estrenarse, casi sin retoques técnicos y en cualquier aspecto artístico, en el Hollywood de los años 40 y 50, la edad dorada de la industria cinematográfica norteamericana.

Aliados

Pero Knight y Zemeckis no pretenden mostrar sólo esa porción del pastel, así que deciden jugar con el melodrama y una puesta en escena que recuerda al John Huston de El halcón maltés. Ambos prefieren, desde la posición central del romance, desarrollar los códigos del subgénero para elaborar giros que acaban siendo puro suspense. Ahí es donde se ve la influencia de Hitchcock, y a partir de ese momento es cuando más se disfruta -el momento previo de virtuosismo con la cámara sobrevolando la RAF y el delicioso gusto de Joanna Johnston para vestir a todo el plantel de intérpretes, son un valor añadido de altísima categoría. Tal y como está construido el tejido cultural del presente (y un futuro probable) es irremediable que Aliados forme parte intrínseca del cine producido a contrapié, ajeno a la corriente cultural moderna. Sus formas clásicas, y sumamente cuidadas, aportan otra dimensión a una cinta que apenas muestra baches argumentales, donde el director ha sabido adaptarse al lenguaje de los tiempos mientras retrotrae una época convulsa de la Historia. Porque Zemeckis siempre ha sido un animal de aventuras experimentales aparentemente normales, pero en las que se mezclaban algo más que un puñado de planos medidos al milímetro. Ahí está Lo que la verdad esconde o Naúfrago, entretenimientos llenos de descaro y retranca. Ahí está la trilogía de Regreso al futuro, con la que Aliados comparte ritmo de montaje. Ahí estamos nosotros, teorizando sobre esas dos entidades intangibles y tan codiciadas en el mundo de la imagen, mientras dos estrellas se dan la mano: confianza y amor, pero a contracorriente.

Tráiler de ‘Aliados’ (Allied)

Review de 'Aliados', lo nuevo de Robert Zemeckis con Marion Cotillard y Brad Pitt

BUENA - 6.5

6.5

6,5

No en vano, el desarrollo hacia una zona de más sombras que luces convierte a 'Aliados' en un thriller autoconsciente de su espíritu nostálgico: podría haberse estrenado, casi sin retoques técnicos y en cualquier aspecto artístico, en el Hollywood de los años 40 y 50.

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About Mario Álvarez de Luna

Periodista cultural | Crítico cinematográfico | Analista televisivo.

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