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El fundador

‘El fundador’ que sublimó a la generación McDonald’s

 El misterio de Hanging Rock

El sueño americano que 2017 ha rebautizado como “Presidente Trump” estuvo altamente representado, desde los años 70 hasta (más o menos) los 90, por otro apellido de igual o mayor dimensión que el fascismo anaranjado: McDonald’s. Ambos casos, aunque alejados ideológicamente, han quedado estrechamente ligados a la estafa o apropiación indebida, siempre y cuando apliquemos la lógica. Dos empresarios fracasados devueltos a la vida gracias a la venganza. Mientras The Donald, humillado por Barack Obama en 2011, esquivó la puerta del psiquiátrico para convertir el Despacho Oval en su particular centro de operaciones sobre Twitter y otros menesteres, el comercial de batidoras Ray Kroc se disputó con sus socios hamburgueseros la custodia de un embrión que acabó convertido en el imperio de la fast food contemporánea. Claro está que la perspectiva elegida para narrar los pasajes de una historia real puede maquillar los matices (o adscribirla al efecto Streisand), pero jamás podrá borrar la huella de la idiosincrasia que quiso marcar la hoja de ruta de las nuevas generaciones. Acerca del segundo nos habla, más de 60 años después, John Lee Hancock en El fundador, una parábola biográfica del narcisista empeñado en ser grandilocuente por el simple hecho de no haber sido pionero; del descarado al que sólo le quita el sueño su propio y eternamente enquistado fracaso personal.

Lee Hancock, en la segunda fase de lo que parece un proyecto personal sobre grandes personajes, no busca ser un oscurantista explícito, sino que mediante una hagiografía invertida nos permite atisbar la deshumanización del modoso. En otras palabras, Kroc, más transparente en sus rocambolescas iniciativas que la carne que comercializa, sublimó (y usurpó) la idea de dos hermanos, la transformó en una filosofía de vida y diseñó la estrategia definitiva para captar la dinámica adolescente. San Bernardino fue la piedra angular de una ética religiosa ampliada hasta los límites de un alimento rico en colesterol y muy barato para el bolsillo. Al nuevo socio de McDonald’s poco le importaba que el índice de obesidad infantil sufriera un incremento; sólo quería ser el padre de una generación que celebrase sus reuniones sorbiendo las últimas burbujas de Coca-Cola en un vaso de cartón, a la luz de dos arcos gualdos retroiluminados. Y vaya si lo consiguió que, a día de hoy, factura alrededor de 700 millones de dólares al año. Pero no hemos venido a engrandecer la figura de un desaprensivo, sino a desglosar los porqués de El fundador. Más que en analizar el ascenso de Kroc, el director de The Blind Side está interesado en contextualizar su imperio, en darle un preámbulo a la gigantesca M que domina nuestras noches de borrachera; los cumpleaños de los más pequeños; y, quizá, el todavía impulso infantil de coleccionar figuritas desmontables de las películas Disney que nos siguen hechizando.

El fundador

Es por esa elección que la película se aleja completamente de una caricatura (o retrato cubista, según se mire) del fundador ultra-entrecomillado, pasando a ser un relato parcialmente mordaz sobre las dos caras del individuo que se hace a sí mismo: la del pobre diablo harto de encontrar puertas cerradas; y la del pérfido y dogmático capitalista. De ese pequeño giro de tuerca es responsable el que en otro tiempo subió al ring existencial a Micky Rourke (en El luchador, 2008), Robert D. Siegel. Se respira un ambiente distendido en El fundador hasta que su charlatanería se convierte en retórica malévola, o lo que es idéntico a trazar un punto de encuentro entre las caras A y B del personaje encarnado (con mucha mano izquierda) por Michael Keaton, para después mostrar el lado menos amable del megalómano. En el proceso que ambas experimentan hasta ser tangentes y transformar a Kroc en la esfinge indescifrable que sigue siendo en el aquí y el ahora, encontramos una narrativa que no dinamita su carácter acusador. No existen ambigüedades en las zonas que creíamos posibles, el tercer acto deviene en lo que ya sabíamos desde el primer avance y el buen tono empleado para hablar de una filosofía casi vital no sirve para despejar nuestras dudas: el comportamiento de Lee Hancock es moderado, tanto como un ataque a la marca que ahora se revela contra la administración Trump podría ser. Se trata de una historia que, con muy poco, capta la atención de todo aquel que, alguna vez, haya soñado con descifrar la fórmula del Big Mac -no te engañes, jamás conseguirás ese sabor. No obstante, Siegel ha sabido descifrar los códigos de conducta del protagonista para lanzar una daga a la yugular del capitalismo extremo, aquel en el que hay que pisar (literalmente) el cuello de la competencia y donde, glups, la burbuja de bienes inmuebles sigue siendo la piedra de toque. No es noticia fabricar billetes a golpe de ladrillo; lo que sí lo fue, es que ese material se emplease para levantar un reino de hamburguesas con carne procesada.

Tráiler de ‘El fundador’

About Mario Álvarez de Luna

Periodista cultural | Crítico cinematográfico | Analista televisivo.

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