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Dunkerque

Crítica de ‘Dunkerque’, nunca una retirada supo tanto a victoria

Christopher Nolan se ha ganado el interés y cariño del público a pulso. Sus obras han conectado con grandes audiencias sin renunciar a su complejidad y en ocasiones excesiva grandilocuencia.

Professor T COSMO

Ha probado suerte, siempre con éxito comercial y de crítica, en el cine de superhéroes, el thriller y más recientemente en la ciencia-ficción. Tal es su renombre como director estrella, que en redes sociales y foros se ironiza con la existencia de un cheque en blanco vitalicio que Warner Bros le extiende cada vez que tiene un proyecto entre manos.

Quizás haya parte de verdad en esa exageración: Nolan es probablemente el director mejor pagado de Hollywood. Pero aun con toda la confianza que genera su nombre, el atractivo comercial de la propuesta que nos ocupa generaba dudas:

Un hecho histórico en principio poco dado a la hipérbole épica Hollywoodiense, como es una retirada masiva; dirigida a su vez por un director de quien su público espera efectistas giros de guion o complejos esquemas a la hora de organizar la narración del filme.

Se trata de ingredientes poco dados a replicar los productos más exitosos de su director, pero la mano y estilo de Nolan se perciben durante todo el metraje de esta maravilla llamada ‘Dunkerque’.

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Dos de los personajes principales (interpretados por Harry Styles y Fionn Whitehead) esperando un rescate que parece no llegar nunca

No es una película de guerra al uso: no hay largas explicaciones sobre la logística, situación política o movimientos de tropas que llevaron a la situación del filme. No hay apenas una gota de sangre. No hay prácticamente enemigos definibles a la vista.

Tampoco abunda el diálogo, en general. Gran parte de la narración es pura imagen y sonido, sin palabra alguna. Si a esto se suma la presencia del expresivo Tom Hardy, es difícil no recordar ‘Mad Max: Furia en la Carretera’.

Desembarca ante el espectador haciendo uso de códigos más cercanos al thriller psicológico e incluso a clásicos del terror, debiendo más a ‘Alien: el Octavo Pasajero’ que a ‘Salvar al Soldado Ryan’. Crece en los momentos íntimos de sus numerosos personajes. El miedo, y el enemigo, está siempre al acecho fuera de plano. Es un “sálvese quien pueda” en toda regla.

La intensidad de la narración debe muchísimo al diseño sonoro. Calificarlo de excelente es quedarse corto. El primer disparo que se escucha es tan atronador que es difícil no sobresaltarse, e imposible no sumergirse de lleno en lo que seguirá. Difícil es olvidar también los bombardeos de los Stuka alemanes en la playa, quedando reducido “el enemigo” a una amorfa mancha negra en el firmamento acompañada de un sonido que hiela la sangre y una lluvia de arena y (imaginamos) metralla.

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Soldados británicos, a merced de los temibles bombarderos alemanes

Muestra, no cuentes. Y en el caso de la violencia, sugiérela pero no la enseñes. Estos principios habrán sido celebrados por el estudio, al resultar en una película de guerra con una calificación por edades que permitirá que llegue a mayores audiencias; sin embargo, podrían chocar con las expectativas del espectador que busque una película bélica al uso, con entrañas salpicando la pantalla con cada descarga de artillería.

Pero encajan con el hecho relatado: el opresivo enemigo avanza en las sombras, sus estragos están ahí, y la pérdida de vidas humanas, también. Simplemente no se ve con la crudeza de otros filmes temáticamente similares. La película da suficientes pistas para imaginarlo, consiguiendo que siga siendo aterrador.

Su estructura añade puntos a su peculiaridad. Encontramos un coral reparto que carece de un protagonista claro, y queda dividido en tres grandes bloques: tierra, mar y aire. El primero se extiende durante una semana, y lo protagonizan dos soldados atrapados en la playa de Dunkerque. El segundo, un intrépido civil que se une al rescate de los soldados atrapados, y que se extiende durante un día.

El tercero, y sin duda el más espectacular, es una hora en los cielos dentro de la cabina de un escuadrón de cazas Spitfire británicos. En clara inferioridad numérica, se enfrentan a los bombarderos y escoltas alemanes que tratan de impedir la evacuación británica.

Estos tres bloques se entrecruzan durante la narración, permitiendo ver algunos momentos clave desde diferentes puntos de vista, o ver personajes importantes de una trama en momentos muy anteriores a la misma. También permite que se puedan superponer varios momentos tensos de una manera similar a la de ‘Origen’, al solaparse escenas de máxima intensidad y narrarse de manera simultánea.

El resultado es más que satisfactorio, pues permite abarcar diferentes momentos clave del evento histórico relatado desde puntos de vista relevantes. El “milagro” logístico de la evacuación es el verdadero protagonista, y lo conocemos a través de todas las pequeñas piezas que nos regala cada escena.

Es cierto que los continuos saltos o la falta de un protagonista claro pueden dificultar seguir esta película como un drama bélico al uso; pero al tener en cuenta todas sus peculiaridades, salta a la vista que no lo es. Es una película con la firma de Nolan en cada decisión y en cada palabra del guión (al fin y al cabo, también la ha escrito).

Faltan cumplidos para su fotografía: grabada en su práctica totalidad usando cámaras IMAX en formato 70mm, bajo la experta supervisión de Hoyte Van Hoytema. La película regala imágenes bellas y aterradoras a partes iguales (impagable visualmente, sin entrar en demasiados detalles, el desenlace de la historia del piloto de caza). Hay planos de un enorme valor narrativo, periférico a cada una de las tres tramas principales. Como semillas de pequeñas historias dentro de esta lucha por la supervivencia. 

La decisión de evitar utilizar efectos especiales generados por ordenador siempre y cuando fuera posible eleva aún más su veracidad. Escenas como el amerizaje de un Spitfire han debido de suponer un desafío técnico importante. Por lo general, los numerosos naufragios y combates aéreos son lo más espectacular de la película, y ambos ganan muchos enteros al prescindir en su práctica totalidad de efectos digitales (al menos, en apariencia).

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Los combates aéreos de la película son viscerales, creíbles y trepidantes. Todo sin apenas retoque digital.

Por otra parte, también traen consigo anacronismos en ciertos planos generales de los entornos urbanos, con elementos arquitectónicos demasiado modernos para la época.

Pero son pequeños aspectos que difícilmente arruinan una experiencia inmersiva, agobiante, y de un ritmo excelente. Son 100 minutos de épica, momentos íntimos, sinceridad, buena narración visual y una banda sonora que eleva las escenas más tensas a cotas de intensidad prodigiosas.

Una historia sencilla de supervivencia y esperanza, inteligentemente planeada, emotivamente escrita y audazmente rodada. Una verdadera maravilla, que debe ser recordada como una de las películas más redondas de su director.

Tráiler de ‘Dunkerque’

About Jaun Pérez-Urruti

Amante de los videojuegos, los coches, el cine y las tortillas de patatas (en ese estricto orden). Fan incondicional de Edgar Wright y el vídeo ese del príncipe gitano cantando "In the ghetto".

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