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Baby Driver

Crítica de ‘Baby Driver’, granujas a todo ritmo

Se apagan las luces, suena la música y una llanta de aleación espectacular llena la pantalla. Con cada golpe de la banda sonora, una revelación: un deportivo rojo, un joven piloto con gafas de sol y unos acompañantes nada tranquilizadores.

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La melodía cambia, los acompañantes salen, sacan escopetas del maletero y comienzan a atracar un banco cercano mientras el conductor observa y canta la canción. Así comienza ‘Baby Driver’, la quinta película de Edgar Wright estrenada el pasado viernes en nuestro país.

Se trata de una película un tanto anómala para estas fechas, en las que el cine de evasión y grandes artificios atrae a las salas a espectadores buscando aire acondicionado y pocas preguntas.

En lugar de proponer un atracón de efectos especiales y violencia moderada para no asustar a los más pequeños de la sala, aquí hay una intriga criminal de ritmo pausado, con buenas escenas de acción sin apenas artificio digital, repentinos estallidos de violencia y una dulce historia de amor que acaba por vertebrarlo todo.

Cuenta la historia de Baby (Ansel Elgort), un prodigioso conductor que trabaja a las órdenes del criminal Doc (Kevin Spacey). Bajo sus órdenes, Baby cumplirá el rol de conductor de huida en una serie de audaces y brutales atracos.

Ansel Elgort Baby Driver
Baby tratará de dejar la vida criminal con mucho ritmo

A medida que la presión policial crece sobre la banda, Baby se enamora de una camarera que le hará buscar una salida de la vida criminal. Una vez este conflicto queda patente, la historia irá ganando en tensión, intensidad e impredecibilidad.

El clímax, sin embargo, encierra algunas decisiones argumentales que empobrecen el resultado final de un conjunto sobresaliente: cierta redención poco creíble y un exceso de almíbar que separan el desenlace de la perfección que merece.

Por si fuera poco, la localización al castellano también deja que desear. Las anteriores películas del director perdían mucho al ser dobladas a nuestro idioma por cómo dependían sus diálogos de juegos de palabras o referencias culturales un tanto rebuscadas. El caso de ‘Baby Driver’ no es, por desgracia, diferente.

Existen chistes, imitaciones (concretamente, de Jamie Foxx), acentos, rimas y juegos de palabras que han perdido parte de su impacto con respecto a los tráilers en inglés, y condenan a un revisionado del filme en versión original.

Volviendo a lo bueno, la película es una sorpresa en lo formal: por motivos argumentales, el protagonista siempre está escuchando música y esta sirve de fondo a la totalidad de la película. Esto permite al director lucirse con escenas muy complejas bien por su puesta en escena o por su montaje milimétrico.

Para prueba, dos momentos: un largo plano secuencia sincronizado con la música a tal nivel que las letras de la canción están escritas disimuladamente en el escenario (y aparecen al ritmo) o una escena de acción en la que cada disparo y movimiento está sincronizado con los golpes de la música.

A esto se suma un reparto redondo. Ansel Elgort compone un personaje principal tierno e intrigante según lo requiera la partitura, con Lily James dándole la adecuada réplica dramática o romántica.

En los secundarios destacan Jon Hamm y Jaime Foxx, con personajes extremos hasta lo caricaturesco que les permiten brillar con fuerza. Eiza González y Kevin Spacey, por su parte, trabajan con personajes más anodinos, pero igualmente efectivos.

Baby Driver
La relación entre estos personajes regala los momentos más tensos del filme

El resultado final es una obra que es un tercio ‘Amor a Quemarropa’ de Tony Scott, otro tercio de ‘Heat’ de Michael Mann y una sobredosis final de puro Edgar Wright. El protagonismo de la música, el estilo del montaje, el volumen de referencias a la cultura pop o a clásicos del cine y el buen trabajo de guion son marcas ya habituales en este director británico.

Comparando esta película con sus anteriores obras, ‘Baby Driver’ es sin duda su película más seria y pausada. Sus seguidores encontrarán una caligrafía familiar pero un texto completamente novedoso y, a título personal, excitante.

Estamos ante un director con cinco películas, de las cuales ninguna puede ser calificada de mala: Cuatro comedias de acción espléndidas y una gran primera incursión en el thriller obligan a ensalzar su figura como director y guionista.

Al abandonar la sala, ‘Baby Driver’ deja poso. Es una película que exuda carisma y regala escenas memorables. No teme en bajar el ritmo y dedicar mucho tiempo a sus personajes para crecer, y encierra giros trepidantes e inesperados. Está, al mismo tiempo, maravillosamente rodada y aún mejor montada.

Es inesperado encontrar un producto así en la cartelera veraniega, y llena de expectación pensar qué será lo siguiente de su hasta ahora siempre brillante artífice.

 Tráiler de ‘Baby Driver’

About Jaun Pérez-Urruti

Amante de los videojuegos, los coches, el cine y las tortillas de patatas (en ese estricto orden). Fan incondicional de Edgar Wright y el vídeo ese del príncipe gitano cantando "In the ghetto".

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