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Crítica de Abracadabra: Un truco pretencioso.

Muchos recordamos a Pablo Berger como el director de la misteriosa ‘Blancanieves’ que en el 2012 le valió el Goya a mejor película y al mejor guión original al director bilbaíno. Tras realizar ese desastroso y ridículo anuncio de la lotería de navidad protagonizado por Monserrat Caballé, Berger se aleja de ese mundo macabro y fantástico de ‘Blancanieves’ y sigue por la estela del ridículo de su último trabajo con la recién estrenada ‘Abracadabra’. Protagonizada por un, como siempre, talentoso Antonio de la Torre y unos Maribel Verdú y José Mota algo despistados (especialmente el segundo), seguimos la historia de Carmen, una ama de casa de Carabanchel que descubre que su marido está poseído por un espíritu maligno.

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La película, pretenciosa y absurda a más no poder, narra una historia de liberación femenina plagada de símbolos evidentes (el marido comparado literalmente con un simio que solo ve él), escenas que rozan el ridículo más innecesario y chabacano  (más que el pretendido absurdo inteligente) y arquetipos por todos lados (veáse el personaje de De la Torre) en la que Carmen deberá encontrar la manera de liberar a su marido de un hechizo que le hace ser un hombre dulce y afable a la hora del almuerzo y un asesino psicópata a la hora de la cena. Con la necesidad de ser diferente a toda costa, Pablo Berger crea una comedia cuya trama, y subtramas, restan importancia al problema principal del matrimonio protagonista constantemente (algo así como un boicot muy consciente del propio director contra su propia obra). Con la excusa, supongo, de introducirnos en un mundo esperpéntico,  funambulesco y psicológico, Berger (esta es una de esas películas en las que el director quiere ser el protagonista a toda costa) crea un híbrido de géneros (tales como la comedia negra, el musical, el costumbrismo, el thriller…) sin ton ni son con una presunción estética bastante hortera protagonizada por unos actores que, da la sensación, no saben ni de que va la película.

‘Abracadabra’

Pablo Berger se introduce así en la lista de directores cuya personalidad estrafalaria devora su talento, evidente, a toda costa. El mensaje final de la película, serio e importante, da la sensación de tomarse como algo estúpido (cosa que da la sensación de ser gran parte del metraje) con una especie de ilusionismo psicológico que toma forma literal para revelar al personaje de Carmen, y al espectador, lo que es su marido de una forma, como digo, bastante evidente. El envoltorio estrafalario a veces se hace pasar por original pero este no es el caso. Uno tiene la sensación de haber perdido el tiempo y además hace aparición esa sensación tan desagradable que es la vergüenza ajena, en vez del pretendido humor absurdo o inteligente, que se apodera de gran parte de las secuencias de la película. Los críticos la adoraran por su mensaje final pero un buen mensaje, en mi humilde opinión, no basta para salvar una película (la cual debería saber subsistir por sí misma). ‘Abracadabra’ es un ejemplo de cine pretencioso que presume de ser híbrido cuando en realidad es una chorrada sin gracia y aburrida.

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Written By Carlos Fernández Rodríguez Alumno de la ECAM (Escuela de Cinematografía y Audiovisuales de Madrid) y estudiante de 3º año de Comunicación audiovisual en la Universidad de Sevilla. Crítico y articulista de cine para el diario digital 'España Buenas Noticias' y bloguero. Escritor de un libro de relatos cortos ('Las Lágrimas Racionales') con la editorial Punto rojo. Jurado en la sección 'Nuevas Olas' del Festival de Cine Europeo de Sevilla en 2015. Prensa en Sitges, Málaga y Sevilla. Amante de la dramaturgia y la narrativa cinematográfica; también libros y de los videojuegos. Ser humano imperfecto por encima de todo.

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